miércoles, abril 13, 2011

La llegada de la modernidad (50) - ¡Última!

El hereje y el cortesano de Matthew Stewart (p. 304)

"... Leibniz y Spinoza siguen sin haber sido superados como representantes de la respuesta de la humanidad, radicalmente dividida en este sentido, ante el conjunto de experiencias que denominamos modernidad. Buena parte del pensamiento moderno simplemente deambula por el espacio que se extiende entre los dos extremos representados por los hombres que se encontraron en La Haya en 1676.

La respuesta activa a la modernidad inaugurada por Spinoza ha suministrado la teoría básica del orden político liberal, moderno, y ha contribuido a cimentar los fundamentos de la ciencia moderna. Su propósito es mostrarnos cómo es posible comportarse moralmente en una sociedad secular, y cómo buscar la sabiduría allí donde nada es seguro. En sus momentos más religiosos o místicos, es la experiencia de una nueva clase de divinidad -o tal vez el renacimiento de una que había desaparecido del mundo occidental durante el período del gobierno teocrático. Sus efectos son fácilmente discernibles incluso en pensadores que han ridiculizado públicamente a Spinoza -Locke, Hume, Voltaire y Nietzsche, para citar tan sólo unos cuantos ejemplos.

Y, sin embargo, a pesar de que el mundo en el que vivimos es probablemente mejor y más originalmente descrito por Spinoza, la forma reactiva de modernidad que empezó con Leibniz se ha convertido de hecho en la forma dominante de la filosofía moderna. Ansiosa por la aparente falta de propósito del mundo puesta de manifiesto por la ciencia moderna; resentida por la amenaza de verse relegada del lugar especial que ocupa en la naturaleza; alienada de una sociedad que parece no reconocer ninguna clase de fines trascendentes; y mal dispuesta a asumir la responsabilidad personal que comporta la felicidad, durante los últimos trescientos años una humanidad menesterosa ha reinventado la filosofía leibniziana de una manera desenfrenada.

[...]

Leibniz fue un hombre cuyos errores tuvieron una dimensión tan acentuada como sus virtudes. Pero fue su ambición, su vanidad, y sobre todo su insaciable y muy humana menesterosidad lo que hace que su obra sea tan emblemática para la especie. Con la promesa de que la superficie cruel de la experiencia oculta una verdad más hermosa y agradable, un mundo en el que todo sucede por una razón y para bien, el glamouroso cortesano de Hanover se convirtió en el filósofo del hombre común y corriente. Si Spinoza fue el primer gran pensador de la era moderna, luego probablemente Leibniz debería ser considerado como el primer ser humano de la misma.

Spinoza, por otro lado, fue señalado desde el primer momento como una rara avis. Teniendo en cuenta su extraña autosuficiencia, su inhumana virtud, y su desprecio por la multitud, la cosa no podía haber sido de otro modo. Pero el mensaje de su filosofía no es que sepamos todo lo que hay que saber; es más bien que no hay nada que no pueda ser conocido. La enseñanza de Spinoza consiste en que no hay ningún misterio insondable en el mundo; ningún más allá únicamente accesible mediante revelación o epifanía; ningún poder oculto capaz de juzgarnos o de afirmarnos; ninguna verdad secreta sobre nada. Hay solamente la lenta y constante acumulación de muchas pequeñas verdades; y la más importante de éstas es que no necesitamos esperar nada más para encontrar la felicidad en este mundo. Es una filosofía para filósofos, que son tan poco comunes ahora como lo han sido siempre".

[FIN]


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