martes, octubre 26, 2010

Dos enormes huecos

En este 2010 dos enormes huecos captaron la atención mundial poniendo en ascuas lo mismo al hombre común, que al hombre de negocios, que al hombre en el poder: aquél que casi no se logra tapar y por dónde se estaba "vaciando la tierra" por allá en las profundidades del golfo de México, y aquél que esa misma tierra permitió se le hiciera, en inmediaciones de Copiapó, en el norte chileno, para poder rescatar a 33 mineros semi-enterrados que volvieron a ver la luz (al menos por un tiempo...)

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Que la atención del mundo entero haya sido capturada por eventos no deportivos, no de guerra, no de crisis económica es ya significativo

Que del triunfo y la derrota tecnológica, alternándose, sucediéndose, dependieran todos los desenlaces posibles, es ya no sólo significativo sino además decisivo

Que la tierra y sus profundidades fuera el "escenario" en ambos casos (y si se quiere, coincidiera también en ambos casos la explotación minero-petrolera, o sea la de los recursos menos renovables y más ampliamente útiles hoy en día para la sin tregua demanda de energía de la sociedad humana) tiene que ser entonces un augurio, una señal, una indicación, de que hemos arribado a algún hito...

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¿Cómo no intentar leer estos sucesos más allá de lo obvio cuando lo obvio de las noticias y de los aparatos técnicos y de los técnicos que operaron esos aparatos se da ya por descontado? Ciertamente, quizá es hora de empezar a aceptar de que "...no hay nada técnico en la esencia de la técnica..." (Martin Heidegger, 1954)

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